EL HÁBITO NO HACE AL MONJE

Para pertenecer a una iglesia es necesario cumplir una serie de requisitos o exigencias que hacen que se distinga no sólo  una iglesia de otra sino, un feligrés de otro, por ejemplo, en unas iglesias las damas deben llevar cabello largo y usar faldas más abajo de la rodilla, otras iglesia exigen que las damas lleven vestidos hasta los tobillos y se cubran la cara como lo hace la mujer musulmana con el Hiyab o Hijab, en otras iglesias, los hombres deben usar vestidos especiales como el Dhoti (una pieza rectangular hecha en base de algodón, la cual tiene una extensión de nada menos que 5 metros de largo) o la Kurta (una especie de túnica larga de algodón), en otras religiones se dejan la barba y el cabello largo, mientras que en otras, permanecen imberbes y se rapan la cabeza, en unos credos se descubren la cabeza, mientras que otros ordenan que se cubra y para ello tenemos el Kipa o Kippa (gorra que cubre parcialmente la cabeza de los judíos) o el Solideo que usa el papa y los cardenales católicos, unas religiones exigen, como se les exigió a nuestras abuelas, un manto para determinados actos religiosos el cual para los judíos se denomina Tallit, otras religiones imponen el vegetarianismo a sus fieles, mientras que otras, no tienen problema en llegar al cielo con una libra de carne bajo el brazo. Y así, cada iglesia crea determinadas acciones o costumbres que los llevan a identificar al hombre respecto de su credo, en nuestro medio, aunque al católico no se le exige ningún formalismo externo, es común ver personas con escapularios, dijes con la figura de un santo o una virgen católica que la identifican de manera inmediata como perteneciente al credo católico. Si bien es cierto que las cosas externas nos ayudan a tomar consciencia sobre lo que  queremos tener presente, para este caso la unión o el acercamiento al Dios que cada uno anhela, también es cierto, que las cosas externas no suplirán nunca el estado de  CONSCIENCIA PERMANENTE que el creyente, o mejor, el religioso debe tener en Dios, pues el hombre termina por olvidar  que lleva algo que representa su cercanía a su dios, y así, vemos creyentes que ingresan con sus artículos sagrados a sitios de prostitución donde evidentemente  de lo que menos se habla es de lo sagrado o lo divino, olvidando estos devotos o creyentes que la virgen de la estampita que llevan al cuello se queda en la acera del sitio de prostitución temerosa de que la confundan con la prostituta de turno, entonces de nada sirvió llevar esa estampa de lo sagrado al cuello por años, si lo que se termina haciendo es invitar a esa imagen que representa a prostituirse, ninguno de esos “fieles o creyentes”  osaría siquiera en pensar en invitar a un sitio de esos a su madre, a su esposa o su hija, no obstante, lleva allí lo sagrado, y lo lleva porque es fácil entender que en el fondo de su corazón esa medalla no representa nada, no representa ningún vínculo con lo sagrado, sólo representa un mostrar a las demás personas que es creyente y que por lo tanto es un buen cristiano, judío o musulmán, en últimas, esa medalla o ese símbolo solo está alimentando el ego al gritar en silencio: “!Miren! Yo soy un buen católico”.

Muchas neuronas y mucha tinta se ha consumido tratando de justificar el uso de cosas externas en las religiones y hace casi dos mil años le preguntaron a Jesús ¿Por qué sus discípulos no se lavaban las manos para comer? Y el maestro, según Mateo 15:11, respondió: “Lo que entra por la boca del hombre no le hace impuro. Al contrario, lo que hace impuro al hombre es lo que sale de su boca. Porque del corazón del hombre salen los malos pensamientos, los asesinatos, el adulterio, la inmoralidad sexual, los robos, las mentiras y los insultos.” Igual podríamos decir que no es lo que lleva puesto el hombre, no es el cabello largo o  rapado, no es la forma ni  el día ni la hora (tan importante para las religiones) en que se hace la oración, o mejor,  en que nos comunicamos con NUESTRO DIOS lo que nos hace religiosos o buenos. Es la intención de nuestro corazón, de nada valdrán miles de ritos y cuidados externos si mi corazón no está realmente con Dios.

Tenemos entonces, que el hombre en su búsqueda de Dios, se olvidó de lo buscado y se entregó a cumplir una serie de ritos, que le hicieron creer eran los medios para llegar a Dios, en mi opinión, Dios no puede ser tan infantil, tan cursi ni tan obsesionado por los rituales que me diga el día de mi encuentro con Él: “Iswara. Has hecho todo lo que un hombre de bien debe hacer, no tengo nada que reprocharte, pero no puedes estar a mi lado porque no te rapaste la cabeza”.

La invitación hoy, es a que no le demos tanta importancia a lo externo, y si aún necesitamos de muletas para andar, utilicémoslas, si aún necesitamos cosas externas para recordarnos que somos la creación de Dios utilicémoslas, bien podemos usar cualquier símbolo externo para ayudarnos en esa comunicación con nuestro Dios, pero en lo que no debemos caer es en usarlo de manera automática sin consciencia de lo que representa, así como cuando queremos recordar algo nos atamos un cordel a un dedo, lo apuntamos en algún sitio visible, en este caso la clave no es el símbolo externo, es  LA CONSCIENCIA  que vamos a tener en lo que representa el símbolo externo que no es más que un  medio para lograr nuestra comunión con Dios y que no tienen más valor que aquel que nosotros le damos, esa es la diferencia entre los esposos y los amantes, los esposos necesitan un anillo y una ceremonia para jurar ante todo el mundo que se aman, los amantes no necesitan jurarlo ante nadie ni precisan de nada externo para recordar  que se aman. No sigamos las enseñanzas de los hombres, busquemos en nuestro corazón que allí habita Dios y Él nos dirá qué hacer. Entra en tu cámara secreta y allí donde nadie puede entrar, espera, espera y llegará el momento en que te sucede lo divino, pero antes has de abrirte a las cosas corrientes, has de abrirte al amor, a la compasión, si no puedes permitir que te sucedan esas cosas corrientes, si no te sientes transportado, extasiado contemplando un atardecer, si no puedes ver a Dios en los ojos de tu amada, mucho menos podrás verlo o sentirlo.

Así me lo enseñó mi maestro OSHO:

“¿Cómo va a amarte alguien? E incluso si el mundo entero te ama, no lo notarás, porque estás cerrado. El amor no puede entrar en ti; no hay entrada, no hay puerta. Y estás sufriendo en tu propia prisión.

Si hay ego, estás cerrado: al amor, a la meditación, a Dios. Así que primero intenta ser más sensible, más vulnerable, abierto, dejando que te sucedan las cosas. Solo entonces puede suceder lo divino, porque eso es lo último que sucede. Si no puedes permitir que te sucedan las cosas corrientes, ¿cómo vas a permitir lo supremo?”

Tomado del libro:

El Libro De Los Secretos.  Página 828. Editorial Gaia.

Y como en una ocasión dije que los maestros nunca dicen nada nuevo, retomemos la cita de Mateo 15:8 donde nos narra como Jesús toma como referencia al profeta Isaías quien ya en sus días reprochaba a los feligreses por honrar a Dios de labios para afuera, y de eso hace ya más de 2000 años, leámosla: << ¡Hipócritas! Bien habló el profeta Isaías acerca de vosotros, cuando dijo: “Este pueblo me honra de labios para afuera, pero su corazón está lejos de mí. De nada sirve que me rinda culto, pues sus enseñanzas son mandatos de hombres.”>>

Por lo tanto, para ser religioso, para estar en comunión con Dios, NO TENEMOS QUE LLEVAR UN TIPO DE VIDA ESPECIAL, en otras palabras, es aplicable la sabiduría del viejo aforismo o proverbio que reza: “El hábito no hace al monje” entonces, bien puedes quitarte el hábito y seguir siendo un monje.     

Así lo aprendí de mi maestro OSHO:

“Cuando tomes conciencia, toda tu vida, toda tu forma de vida, cambiará. Sin embargo, estos cambios vendrán a ti: no se los debiera practicar. Apenas practicas algo, ese algo pierde lo que sea que es significativo en él. Así que cualesquiera cambios que ocurran, debieran ocurrir en forma espontánea.

No se trata de practicar algo… Todo lo que puedes hacer es estar consciente de lo que eres. En el momento en que tomas conciencia de ti mismo tal como eres, ocurre una separación, una división, una partición. Una parte de ti llega a des-identificarse del resto de ti.” Negrillas fuera de texto.

Tomado del libro:

Psicología De Lo Esotérico. Página 138. Editorial Edaf.                  

No importa que lleves el cabello largo o estés rapado, no importa que comas carne o seas vegetariano, ni siquiera importa que les lleve dinero a las putas o a los pobres, porque cada paso que damos en la vida no tiene otro destino que la santidad, porque todas las iglesias, todas las religiones, todos los caminos conducen al cielo, aunque algunos pasen por el infierno. Por eso, desde cualquier culto que practiques, sólo importa que te recojas en tu interior, medite y espere que el maestro, que eres tú mismo, despierte entonces él te dirá que hacer.

Así lo aprendí de mi amado OSHO:

“Y poco a poco verás cómo llega el Maestro. Y no viene de fuera, viene de tu centro más íntimo, surge desde tus profundidades. Miré dentro y allí lo encontré. Mi mensaje es muy simple, he encontrado a Dios en mi interior. Todo mi trabajo consiste en persuadirte para que mires dentro. Sólo se trata de que te conviertas en un observador en la colina. Vuélvete un testigo, alerta, observando- y te realizarás.”

Autobiografía De Un Monje Espiritualmente Incorrecto. Página 212. Editorial Planeta.

Y cuando ese maestro que habita en ti despierte podrás ir al infierno sin temor alguno, pues el temor será para  el diablo, porque allí serás ejemplo de comunión con Dios y los diablos segundones verán tu paz, tu armonía, tu felicidad y te preguntarán: “¿Qué hay que hacer para ser tan feliz como lo eres tú?”  Y tú, como el Maestro Jesús, les dirás: “Deja a tu jefe y sígueme” y el diablo mayor se quedará sólo.

Así, lo enseño mi maestro OSHO:

 “Cuando digo religioso, hago referencia a una persona que es consciente de que la vida está repleta de trascendencia… de que toda vida rebosa de algo más grande que la vida… que cada paso nos lleva hacia la santidad. La verdad, el nirvana, la libertad… que tanto si lo sabes como si no, estamos  yendo hacia el templo esencial y final.

Cuando una persona empieza a sentirlo en las entrañas, entonces es religiosa. Puede ir a la iglesia, o puede no ir; no tiene importancia. Puede llamarse a sí mismo cristiano, o musulmán, o hinduista; no tiene importancia. Puede no llamarse nada. Puede pertenecer a alguna organización, o puede que no; PERO PERTENECE A DIOS.” Negrillas fuera de texto.

Tomado del libro:

Dijo El Buda. Página 133.  Editorial Kairos.

Por eso amigo lector, no importa  que religión profeses, ni que rituales practiques, todos tenemos el mismo destino común, el cielo, la libertad, el nirvana, la salvación. La cuestión no es de iglesias ni de credos, la cuestión es de tiempo. Y si todos tenemos el mismo destino común y la única diferencia es que unos decidieron ir por barco, otros en tren, otros a caballo y otros a píe y unos se detienen en el camino embelesados con las mujeres, con el licor, con el juego o con el dinero, no importa, sólo se han detenido en el viaje, algún día reemprenderán el viaje y allí nos encontraremos todos, Entonces, ¿por qué hemos de pelear unos a otros? Más bien ayudémonos unos a otros y así el camino no sólo será más breve sino que será más agradable.

Es todo por hoy.

Gracias por permitirme compartir la luz de mi corazón con cada uno de ustedes.

ISWARA

10 comentarios en “EL HÁBITO NO HACE AL MONJE

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